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2.- Envejecimiento físico. El envejecimiento es un proceso con una gran variabilidad individual y, no debemos esperar encontrar en nuestros mayores las mismas características en todos. Además, el envejecimiento no es un proceso sincrónico o uniforme en un mismo organismo. · Apariencia física, postura y marcha: El envejecimiento condiciona una disminución de la masa muscular y del agua total. Aumenta de forma relativa la grasa, cuya distribución se modifica también con los años. Estos cambios disminuyen de forma importante la fuerza muscular y suponen una menor resistencia frente a la deshidratación. La piel sufre un importante proceso de atrofia. La talla disminuye debido a cambios que acontecen en la columna vertebral. La persona mayor tiende a inclinarse hacia delante, anda a pasos cortos, aumentando la separación de los dos pies, y con pobre balanceo de brazos. Tiene dificultades de girar, o modificar, en general, su actitud en la marcha. Cuando se dan todas estas características podemos hablar de “marcha senil”. La presentan un grupo de ancianos/as con alto riesgo de sufrir caídas. · Órganos de los sentidos:
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Alteraciones a nivel de retina, humor vítreo y cristalino, que pueden determinar disminución de la agudeza visual, presbicia (vista cansada), alta frecuencia de cataratas y glaucoma, disminución de la capacidad de adaptación al deslumbramiento. Alrededor del iris suele aparecer el llamado arco senil, sin repercusión funcional alguna.
· Oído:
· Gusto y olfato:
· Tacto: Disminuye la agudeza táctil, y la sensibilidad a la temperatura.
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A nivel cerebral se produce una pérdida neuronal variable, disminuyen el riego sanguíneo cerebral, el número de conexiones interneuronales, los neurotransmisores, la velocidad de conducción nerviosa y los reflejos. Mecanismos de control como el de la sed, la temperatura o la regulación autonómica, están menoscabados. Susceptible a la aparición de cuadros de confusión mental, lentitud en los movimientos y respuestas, incoordinación en la marcha, propensión a la aparición de hipotensión postural, aparición de “tics”, o temblor senil,…
· Sistema cardiovascular:
Dilataciones del sistema venoso, por pérdida de tono parietal e incompetencia de las válvulas, facilitando la aparición de várices y edemas en extremidades inferiores sobre todo.
· Aparato respiratorio: Tendencia al cierre de pequeños bronquiolos. Disminuye el flujo sanguíneo que llega a los pulmones. Déficit de oxigenación. Mayor propensión a infecciones y el mecanismo de la tos es menos efectivo.
· Aparato digestivo:
Disminución del movimiento de propulsión a todo lo largo del tubo digestivo, condiciona a un enlentecimiento del tránsito digestivo, facilitando la aparición de alteraciones como el estreñimiento.
· Aparato genito-urinario: Pérdida funcional de los riñones en la eliminación de sustancias y mantenimiento del equilibrio de numerosas sustancias claves en el medio interno. Incontinencia, retención urinaria o la aparición de infecciones.
· Sistema endocrino: Hay una disminución en la producción de las diferentes hormonas y una menor respuesta a su acción. Habitualmente, estas modificaciones se detectan o tienen repercusión en circunstancias de sobrecarga. · Sistema inmunitario y hematológico: No existen modificaciones significativas en los valores hematológicos. A nivel inmunitario, la respuesta frente a estímulos está enlentecida y disminuida en intensidad. Aumenta por tanto la susceptibilidad a padecer infecciones.
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